lunes, 24 de mayo de 2021

Mad Men (Serie de TV), by Matthew Weiner

Empecé a ver Mad Men a pesar de las críticas que había leído sobre el machismo de la serie. A pesar o justo por eso. Normalmente ese tipo de críticas hace que me sienta atraída, porque tengo visto y demostrado que con frecuencia suelen ser injustas, irreales y muy poco fiables. Y no me equivocaba.

Mad Men es una serie profundamente feminista, y además esto es tan evidente que sorprende que haya tanta gente pensando justo lo contrario. De los personajes masculinos no hay ni uno que merezca la pena ni como hombre ni como persona. Son todos unos cerdos, unos salidos, unos trápalas de cuidado, mentirosos, egoístas, desmesuradamente ambiciosos, alcohólicos la mayoría, con la sensibilidad en el culo... en fin, unos regalitos. Matthew Weiner da una impresión tan mala de sus congéneres que da la sensación de que los odia a muerte.  En cambio ama a las mujeres sin lugar a dudas, y se nota.

Los personajes femeninos tienen una riqueza emocional, una cantidad de matices, que contrasta enormemente con la pobreza, simplicidad y primitivismo de sus compañeros hombres.  Desde el primer momento se nota la simpatía que siente el creador hacia las mujeres. Pero es que además conforme va desarrollándose la serie, la evolución de los personajes femeninos es tan interesante que prácticamente devoran a los masculinos. Incluso el propio Don Draper, el puto amo, queda a menudo eclipsado por la fuerza de personajes tan potentes como Joan o Peggy. 

No cabe duda de que buena parte del éxito de Mad Men se debe al carisma de sus intérpretes. Desde el protagonista central, Jon Hamm (la viva reencarnación del inolvidable Cary Grant) hasta las ya referidas féminas que van comiéndole el terreno poco a poco. La rotundidad física de ese mujerón que es Christina Hendricks, que eso no es una mujer; es un volcán, es la madre Tierra, es una diosa. Y frente a ese poderío, la fina belleza de January Jones o la presencia siempre impecable de Elisabeth Moss, dando vida en esta ocasión a la empecinada Peggy, con su lucha denodada por hacerse un hueco profesional en ese mundo de hombres eternamente pegados a una copa. 

Y bueno, lo que también enamora es el vestuario. Hay que morir por esos vestidos, esas maravillas de la moda de los 50 y los 60, esos peinados, esos zapatos. Esa Hendricks meneando su impresionante culo (que ríete tú de las Kardashian) y dejando embelesados a su paso a todos los mastuerzos del lugar. Esa elegancia natural de January Jones, tan Grace Kelly. Por favor, es que hay modelos que dan ganas de traspasar la pantalla para robárselos y guardarlos en tu armario.  Y luego los decorados taaaaaaaan de cine americano de los 50-60.  Un homenaje redondo a clásicos como El apartamento, Irma la dulce, La tentación vive arriba... 

En definitiva, la serie me estaba encantando, iba para sobresaliente seguro. Sin embargo la deriva que sigue en la última temporada, sobre todo en los últimos 5 capítulos, es francamente decepcionante. Eso ha hecho que mi puntuación haya descendido notablemente. No entiendo qué les pasa a los guionistas en esa temporada, qué bajón, qué locura. Esos personajes no se merecían un final tan anticlimático. Y paso a espoiler.

(espoiler)

El último capítulo es casi para echarse a llorar, sobre todo por el protagonista. El final de Draper, ese pedazo de macho alfa que es pura testosterona, es terminar en una secta  flower power haciendo yoga? Que sólo le ha faltado raparse el pelo y hacerse Hare Krishna, por favor. 

No perdono que hayan convertido a ese pedazo de personaje en un mamarracho. Vale que la crisis existencial por la que pasa después de la absorción de la empresa tenía que terminar en un final catártico. La muerte habría sido una salida digna. Pero esa escena final sentado en un jardín con un montón de colgados con las yemas de los dedos pegaditas haciendo Ooooooooommmmmm... 

Nooooooo, por favoooooooor. Don Draper noooooooo. Me han matado!

lunes, 5 de abril de 2021

Amy (La chica detrás del nombre), by Asif Kapadia

Amy y sus amigos. Amy y su padre Mitch. Amy y sus novios. Amy y sus miedos. Amy y sus drogas. 

Pobre Amy. La alcohólica que nunca tuvo suficiente alcohol. 

Pobre Amy. La bulímica que nunca tuvo suficiente comida.

Pobre Amy. La cantante que nunca tuvo suficiente música.

Pobre Amy. La enamorada que nunca tuvo suficiente amor.

Pobre Amy. La hija que nunca tuvo suficiente protección.

Me quedo sin saber quién fue Amy. Lo que cuenta Kapadia ya lo sabía, era vox populi. Todos lo vimos en vivo y en directo. El morbo se mezclaba con la compasión pero no podías apartar la mirada de la pantalla mientras ella caminaba tambaleante por el escenario. Sí, fue penoso, terrible, desolador, pero al mismo tiempo fascinante. Me queda la sensación de que... sólo era una pobre chica muy perdida.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Las 4 estaciones de las chicas Gilmore (Miniserie de TV), by Amy Sherman-Palladino y Daniel Palladino

Reconozco que he llegado a esta secuela de las Gilmore de una manera un tanto anómala. A ver, la mayoría de seguidores de la serie tendrían probablemente un ataque de ansiedad cuando se enteraron, 9 años después, de la existencia de esta nueva entrega de sus heroínas. Me lo puedo imaginar. Qué fue de las Gilmore? Qué cambios habrán ocurrido en el maravilloso pueblecito de Stars Hollow? Y el resto de los habitantes de ese lugar encantado y encantador?

En mi caso, como me he tragado las 7 temporadas de las Gilmore del tirón en los últimos 3 meses, esto para mí no es más que una continuación sin más. No ha habido coitus interruptus, no ha habido un parón ni un final en falso, porque el único final, el auténtico, es éste. 

Desde ese punto de vista mi valoración es un poco tramposa. No llego a estos episodios con el mismo talante nostálgico que los que siguieron en su día las andanzas de estas chicas y llevaban años añorándolas. En mi caso, más bien al revés, estaba un poco hasta el moño de ellas, sinceramente. Y deseando perderlas de vista. Todo lo más sentía una cierta curiosidad por ver cómo había resuelto el matrimonio Palladino (Amy y Daniel) el futuro de las petardas Gilmore. 

Pero tengo que decir que me ha sorprendido muy agradablemente. He notado muchísimo la evolución en la calidad de los guiones, en la dirección y en general en todos los aspectos. La madurez de las protagonistas tiene mucho que ver. Alexis Bledel ya no es una niña, es una mujer hecha y derecha, y su personaje vuelve al pueblo en plena crisis existencial de la treintena. Y Graham es una cincuentona, y su Lorelai obviamente ha perdido en el camino buena parte de la tontería que arrastraba como una losa en su interminable adolescencia. 

Por otra parte los Palladino como guionistas han llevado el puntito surrealista a su máxima expresión. Los diálogos son mucho más brillantes, los personajes emblemáticos han tenido más protagonismo. Inolvidables las apariciones de Kirk (grande Sean Gunn), de Taylor, del trovador del pueblo, de la inolvidable Lane, del perrito Paul Anka... Y las nuevas adquisiciones, como la criada de Emily con toda su familia invadiendo la casa por completo... Todo contribuye a convertir esta secuela en un punto final mucho más logrado que el de la serie original. Por cierto, luego he sabido que la criada es la misma actriz que hace de mecánica de coches en el pueblo. Alucinante.

Resaltar también la aparición en forma de breves cameos de varios actores de la serie Parenthood, en la que Lauren Graham trabajó durante años después de las Gilmore. Sale incluso haciendo un pequeño papel de guarda forestal el marido de Graham en la vida real, el inolvidable Nate de "A dos metros bajo tierra". En fin, cada capítulo es un pequeño divertimento en el que se nota mucho la complicidad de todos (guionistas, productores, actores) y también la ausencia de uno de los personajes fundamentales, Richard, padre de Lorelai y abuelo de Rory.

El capítulo final es sencillamente maravilloso. Una explosión de luz como sólo podría darse en un lugar lleno de magia como Stars Hollow. Y esa escena final de la madre y la hija hablando en la escalera del quiosco al amanecer. Y esa frase final que nos deja...

Bueno, que nos deja con la boca abierta. Y hasta aquí puedo contar.

Sólo decir que me alegro muchísimo de haber visto esta entrega postrera de un año en la vida de las Gilmore. Me ha reconciliado con unos personajes y una historia que en la serie original se me habían hecho demasiado cargantes. Y ahora sí, ahora sé que las echaré de menos y que ocuparán un espacio importante en mi memoria. Y en mi corazón. Aunque me embarque en nuevas y apasionantes aventuras televisivas las Lorelais tienen un rinconcito para siempre aquí.

jueves, 7 de enero de 2021

Las chicas Gilmore (Serie de TV), by Amy Sherman-Palladino

Ésta es una serie de petardas y para petardas. De hecho la única razón por la que he conseguido llegar hasta la tercera temporada es porque yo soy también una petarda y mi hija otra. Por eso cada noche durante varios meses nos hemos sentado religiosamente delante de la tele para tragarnos los avatares de las vidas de las petardas Gilmore.

Si tengo que decir la verdad a mí lo único que me gusta de la serie es el maravilloso alumbrado público de Stars Hollow. Un pueblito que parece estar siempre en temporada navideña. Los árboles, las calles, los bares, las tiendas, las casas... y yo, que soy una verdadera friki de la Navidad, no he podido evitar engancharme a esa perpetua iluminación que lo mismo te vale para el invierno que para el verano, para la primavera o para el otoño.

Por lo demás las Gilmore, y con ellas todas sus amigas, son un coñazo de tías. Para empezar no paran de hablar, son auténticos loros andantes. Lo hacen además a una velocidad de concurso de papagayos. Son turboverborreicas a más no poder.  Parlotean por igual en un funeral, en una representación teatral, en un concierto, en una misa, en un cine, en una reunión de comunidad; son las típicas hijasdeputa a las que quisieras matar en uno de esos lugares porque no te dejan enterarte de nada, y nunca paran de cuchichear a tu lado. Una pesadilla de tías, en definitiva.

Luego está lo de la comida. Básicamente se alimentan de basura: pizzas, hamburguesas, salchichas, bollería variada, tartas, galletitas... No saben cocinar y jamás cenan nada medianamente sano, sólo porquería de las más variadas nacionalidades. Cada día llaman a un restaurante distinto para que les lleve la cena: chino, japonés, italiano, turco, jamaicano, haitiano, balinés... Por cierto, para ser Stars Hollow un minúsculo pueblecito de unos 500 habitantes que se juntan para las reuniones asamblearias en una pequeña sala con cabida para 15 personas, hay que ver la variedad nutricional y hostelera del lugar. No falta una representación de la cocina de ningún sitio del mundo. Las Gilmore tienen una cultura gastronómico-basurera insuperable, y todo sin haber salido de su encantadora aldea de Connecticut.

Ni que decir tiene que, pese a la cantidad de mierda hipercalórica que se meten entre pecho y espalda, no sólo no engordan ni un gramo sino que son, con diferencia, las más guapas y tipositas del lugar. Su esbeltez es directamente proporcional a su capacidad engullidora. Eso sí, sus amigas son indefectiblemente feas, gordas o coreanas, porque de algún modo habrá que poner en valor y hacer destacar la inconmensurable belleza de las petardas Gilmore.

Además de inflarse a comer porquerías, las chicas beben café a todas horas. No un cafelito en una tacita normal, no. Lo beben en tazones de cereales, y lo beben a cualquier hora del día y de la noche. Lo beben durante el almuerzo, durante la cena, cuando se despiertan para mear, cuando van de picnic, o de bodas, bautizos y funerales... en todas partes, vamos. Por este motivo se pasan media vida en el café de Luke. Bueno, por eso y porque es la excusa perfecta para desarrollar una insoportablemente tediosa tensión sexual no resuelta entre mamá Lorelai y el dueño del susodicho café. Y cuando digo tediosa quiero decir muuuuuuuuy tediosa.

Luego están los problemas de las Gilmore con los hombres. Pese a que por su deslumbrante belleza, su finura y su impresionante ingenio las Lorelais madre e hija tienen rendidamente enamorados a todos los caballeros que se les acercan, a la hora de la verdad ninguna relación termina de cuajar. Lorelai madre es culo veo, culo deseo. Le gustan todos. Puede tener una relación con cualquier señor, pero eso no impide que siga haciéndole ojitos permanentemente al papá de su hija o al paciente camarero Luke, al que no deja de incordiar en ningún momento ni en ninguna temporada. Entre tanto la Lolelai hija, más conocida como Rory, empieza a dar sus primeros pinitos con un muchacho guapísimo, altísimo y buenísimo del pueblo para ir poco a poco cogiendo todos los infumables tics amorosos de la madre. Y hasta aquí puedo contar  de este asunto.

Y para terminar están las amigas. Como ya he dicho antes todas ellas son o bien obesas (para que quede bien claro que lo de la extraña delgadez de las zampabollos Gilmore es un prodigio irrepetible de la naturaleza), o coreanas, bajitas y feúchas (la pobre Lane), o bien aún más chillonas, histéricas y espeluznantes que las protagonistas (véase la repelente Paris).

En fin, lo que dije, una serie sobre petardas, hecha por petardas para otras petardas. Sólo siendo una de ellas resulta medianamente soportable, y con todo y con eso cansa bastante. Ay si no fuera por esas luces de Stars Hollow que me vuelven loca! No quiero imaginarme una reunión entre las 3 marías: Lauren Graham, Alexis Bledel, y la creadora del engendro, Sherman-Palladino. Por cierto, antes de esta serie vi Parenthood, que me gustó muchísimo más, y en ella Graham hace prácticamente el mismo papel de Lorelai, aunque se llame Sarah y tenga unos cuantos años más. Esta mujer sabrá interpretar algún otro papel? Yo ahí lo dejo.

lunes, 23 de noviembre de 2020

House of Cards (Serie de TV), by Beau Willimon

Después del tremendo chasco que me llevé con la visión flower de la política nortemericana que se reflejaba en "El ala oeste de la Casa Blanca" y que me resultó totalmente insufrible, para mí "House of Cards" ha sido un auténtico baño de fresca malignidad. El universo político de Beau Willimon no tiene nada que ver con el de Aaron Sorkin. Ese presidente angelical que resultaba tan creíble como el hada madrina de Blancanieves da paso a una tortuosa pareja sin escrúpulos ni moral dispuesta a todo por alcanzar el poder y luego por mantenerse en él.

Estos políticos sí que me suenan, éstos sí puedo reconocerlos en los que veo a diario retorciendo en los informativos la realidad para acercarla a sus argumentarios preparados por cientos de asesores a los que la verdad y los ciudadanos les importan una mierda y a los que sólo les interesa una cosa: el poder. No me cuesta reconocer en Kevin Spacey y Robin Wright a gente como Trump, Bolsonaro, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Putin... Dirigentes que mienten descaradamente sin el menor empacho, que "infoxican" constantemente, que intentan con denuedo controlar a los medios y desprestigiar a los que no les bailan el agua. Cínicos, maquiavélicos, de moral laxa o inexistente, incapaces de empatizar mínimamente con el ciudadano pero capaces de soltar discursos patrióticos, emotivos y conmovedores que sólo se creen a pies juntillas sus incondicionales. 

Joan Manuel Serrat los retrató perfectamente en aquella magnífica canción que se titulaba "Algo personal". Os la recuerdo:

Probablemente en su pueblo se les recordará
como a cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.

Pero eso sí, con qué destreza esos tahúres de postín
reparten juego con cartas marcadas:
nada por allá, nada por aquí,
visto y no visto y nos la meten doblada.

Tienen más de un problema para cada solución,
sin que te enteres te roban los calzones
y luego te dicen que toca apretarse el cinturón
cuando en la bolsa caen sus acciones.

Hijos del demonio, no tienen otro dios
que la codicia y más rey que el mercado
ni otra enseña que la de curso legal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.


(spoiler)

Estoy francamente asombrada. He leído un montón de críticas de esta serie, particularmente en lo que se refiere a la temporada última, aquella en la que tuvieron que cargarse a Spacey por el lío de las denuncias de acoso. Pues bien, para mí es evidente la crítica al movimiento "Me too". En esa temporada Claire, la lianta, ambiciosa y sin escrúpulos Claire, se hace con el poder y echa mano del movimiento feminista para fijar el ancla y no soltar la poltrona. 

Es más que nítida la crítica que se hace al uso y abuso del feminismo, del postureo feminista más bien, para usar algo tan legítimo como las reivindicaciones de las mujeres para atacar y destruir carreras políticas. La propia Claire lo hace sin ningún empacho. Expulsa de su Administración a todos los secretarios y diseña una Administración con sólo mujeres con el único fin de convertirse en adalid del movimiento y asegurarse años en el poder. 

El hecho de que nadie más se haya percatado de este posicionamiento crítico de la serie, que más bien al revés, muchos crean que de repente apuesta por un feminismo exacerbado que se le va de las manos, me tiene completamente alucinada. De verdad, pero si no puede ser más descarado! No me explico con qué ojo ve la gente las series. Me quedo ojiplática.

jueves, 1 de octubre de 2020

El ala oeste de la Casa Blanca (Serie de TV), by Aaron Sorkin

La verdad es que llevo ya unos cuantos planchazos con esto de las series míticas consideradas lo mejor de lo mejor de la historia de la tele. Pero como éste pocos.

Cuando leía críticas en las que se hablaba de sus ingeniosísimos diálogos, su ritmo trepidante, su brillantez, su inteligencia desbordante, poco podía yo imaginar que la cosa iba de ver constantemente a los protagonistas andando sin parar por la Casa Blanca y parloteando como loros sin enterarme absolutamente de nada.

Al final me he quedado con una horrible sensación de que tengo que ser completamente gilipollas y con la autoestima como espectadora por los suelos.

Para que os hagáis una idea de los diálogos de pasillo esos que los fans de la serie encuentran tan ingeniosísimos, sería algo más o menos así:

- Has hablado con CJ?

- Está reunida con el Presidente.

- Mañana vienen los de la AMV a hablar con Sam de lo de la JHK.

- Estará Donna?

- No, Donna tiene que buscar el caso de MCSW para lo de Mirror.

- Pero el senador Spark votará que no? 

- Sí, pero Leo se lo dirá antes de que lleguen los de KWQ.

- Seguro?

- Claro, además la Primera Dama estará en Texas.

- Vale, entonces mañana nos reunimos con Flynn para tratar lo de las ancas de rana.

- Pero antes tengo cita con los repartidores de patatas de Alabama.

- Asistirán los de "Flowers and Bananas"?

- Le preguntaré a la señora Pink.

- Ok, hablamos.

Ingeniosísimo, verdad? A que os parece genial?

Pues todo el tiempo así, soltando diálogos enloquecidos como éste mientras corretean por los pasillos de la Casa Blanca y se saludan unos y otros constantemente.

A todo esto en ningún momento he llegado a enterarme tampoco del cargo que ocupa cada personaje. La única C.J., que es la jefa de prensa. El resto ni idea. Igual pueden ser asesores que secretarios que escritores de discursos que jarrillos de mano del Presidente.

Y luego Martin Sheen, por favor, en cada capítulo soltando unas pedazo chapas increíbles, intentando demostrar que se puede ser presidente de los EEUU y a la vez una persona con una moral intachable y una sensibilidad exquisita.

Un presidente sabio y magnánimo que comprende los errores ajenos, que perdona siempre a los que le ofenden, que no conoce la maldad ni el rencor. Mesurado, ecuánime, divertido, fiel y amante esposo, padre comprensivo y dialogante, amigo leal, siempre dispuesto a escuchar y a dar consejos certeros. Un presidente que llama personalmente a las viudas de los soldados caídos, que consuela a los enfermos,  que canta a los niños y les cuenta chistes cuando visitan la Casa Blanca, que les hace trucos de magia, que se preocupa por los asuntos personales de todos y cada uno de sus empleados y colaboradores....

En definitiva, un Presidente de los EEUU que sólo puede existir en la mente ingenua y angelical de un tipo como Aaron Sorkin.

(Espoiler)

Y luego está el tema de las desapariciones súbitas. Personajes que parecen fundamentales en la trama y que sin más explicación desaparecen en la temporada siguiente y nunca más se vuelve a saber de ellos. 

Hay gente que comenta esto como si fuera un hecho anecdótico, incluso simpático. Personalmente lo considero una tremenda falta de respeto al espectador, al que ni siquiera se considera lo suficientemente inteligente como para que se pregunte qué coño ha pasado con ese personaje. Igual hasta Sorkin y el resto de guionistas pensaban que la gente no se iba a dar ni cuenta de esas desapariciones. O que iba a correr un tupido velo y hacer como si nada. 

La desaparición más impactante, tal vez por ser la más temprana, es la de Mandy, que sale en segundo lugar en los títulos de crédito de la temporada inicial, y de repente en la segunda ya no está. Y nadie la vuelve a nombrar nunca más ni hace la menor alusión a que alguna vez hubo allí alguien llamado Mandy.

He leído que fue algo tan descarado que incluso la desaparición de esta chica dio nombre al fenómeno, y así desde entonces se dice cuando un personaje es eliminado sin explicación alguna que se ha ido a Mandyville. Pa mear y no echar gota.



miércoles, 2 de septiembre de 2020

Parenthood (Serie de TV), by Jason Katims

Prometo que pensaba hacer una crítica bastante laudatoria de Parenthood, contando las cosas que me habían gustado más de la serie y obviando en la medida de lo posible los defectillos.   

Pensaba hablar de la pareja Adam y Kristina y de mi debilidad por Peter Krause, a pesar del papel extremadamente edulcorado que le ha tocado interpretar; de la desquiciada Sarah y sus hijos Amber y Drew, y de la relación filial tan bonita entre los hermanos; del piradísimo Crosby y la petardísima Jazmine; del inefable patriarca Zeek; de los adorables Julia y Joel y su pequeña Sidney; de Camille, la maravillosa madre del clan....

Pensaba hablar también de Max, el hijo Asperger de Kristina y Adam. Un personaje basado en el hijo de Jason Katims, creador de la serie, que también padece este síndrome. Pensaba alabar el trabajo del chaval que lo interpreta, que lo hace genial;  de lo bien tratado que está el tema; de lo que podía reconfortar a las personas que tuvieran a alguien cercano con algún trastorno del espectro autista.

Pensaba que ya a punto de empezar la sexta y última temporada tenía los suficientes elementos para valorar la serie en su totalidad. Y éstas eran mis intenciones cuando de repente.... vamos a espoiler.

(espoiler)

A ver, ya me había dado cuenta antes de que los guionistas habían tenido algunos despistes espacio-temporales un tanto cantosos. Cosas como un fantástico melenón por debajo del hombro que le sale en 8 meses a un personaje tras un duro tratamiento de quimioterapia; niños que nacen a los cuatro meses de embarazo; otros que crecen en dos meses lo que un niño normal crece en dos años; otros a los que le sale bigote a las dos semanas de soltar el chupete.... en fin, sobre todo en los cambios de temporada pegaban unos cantes muy gordos.

También podía aparecer un personaje ubicado en un sitio inesperado sin explicación previa alguna. Por ejemplo, cuando Sarah aparece viviendo en un piso, además siendo la casera del edificio, cuando en la temporada anterior la habíamos dejado viviendo tan ricamente en la casita de invitados de sus padres. En fin, pensaba pasar por alto todo eso y hacer mi crítica laudatoria. Pensaba eso hasta que....

Empieza la sexta temporada y.... de repente APARECE UN NIÑO NEGRO DONDE EN LA TEMPORADA ANTERIOR HABÍA UN NIÑO BLANCOOOOOOOOOO. 

Palabrita. Lo prometo. No, Katims, no, por ahí ya no paso.

Al principio me chocó ese niño negro que no había visto nunca antes pero fue mi hija la que destapó el tarro de las esencias.

- Mamáaaaaaaa, el niño de Crosby se ha vuelto negroooooooooo.

- Hosssstia, es verdaaaaaaaad.

- El niño era blancoooooooo.

- Joder, ya me pones en la duda. Yo juraría que sí, que era blanco. Es más, juraría que al nacer Jazmine comentó lo blanquito que había salido.

- Vamos a comprobarlo. Volvamos al capítulo último de la temporada anterior, que terminaba con una reunión familiar en la que estaban todos.

- Vamos.

Efectivamente nos vamos a ese capítulo, lo pasamos entero y llegamos a la reunión. Y sí, bingoooooooooo. El niño aparece en brazos de Jazmine completamente blancoooooooo. No diré albino para no exagerar, pero blanco blanco como un huevo blanco. No naranja como Trump, ni marrón como un mulato ni amarillento. Era totalmente blancooooooo. Era incluso rubitooooooo. Lo prometo. Palabrita del niño Jesús.

Y van en la sexta temporada y ponen a un niño negrooooooooo.

Hay que pensar que el espectador es muy imbécil para no darse cuenta de que en dos meses que se supone que pasan desde el final de la temporada anterior al inicio de ésta el niño de Crosby se ha vuelto negro de sopetón. Un bebé que no tenía ni una sola mancha en la cara. Un bebé de un blanco impoluto. Que por cierto aparece como de seis meses en ese capítulo y en el siguiente, cuando ya se ha vuelto negro, cuando sólo han pasado esos dos meses, aparece ya andando. Pero claro, ese salto temporal al lado del salto cromático del chiquillo es pecata minuta. Que haya crecido 20 meses en dos tiene un pase, pero que le cambien el color al chaval eso sí que no lo paso.

Esa chapuza imperdonable no tiene perdón de Dios. Katims, vete a la mierda.

Ps. El final me ha encantado.

Ps2. Vale, Katims, te perdono lo del niño negro.