Diggers es una historia de amigos. Si miráis la carátula aparecen cuatro tíos sentados en unas escaleras. Os cuento lo que pasa: es el funeral por el padre de uno de ellos, el que parece un poco más normal; el resto son un crápula, un fumao y un multipadre de familia numerosa. Una pandi un poco rara, ciertamente.
Diggers es una historia que gustará a la gente a la que le gusta observar a sus amigos, porque realmente no cuenta nada especialmente interesante sino que trata de momentos en los que se juntan los colegas: fiestas, funerales, barbacoas... No parece demasiado interesante, verdad? Y no lo es, salvo que disfrutes observando a la gente charlar, comer, beber, reírse, llorar, jugar, pelearse,.. y todas esas cosas que suelen hacerse en esas reuniones.
Diggers es una historia que no gustará a mucha otra gente; de hecho creo que ni llegó a estrenarse en cines. Probablemente fue una sabia decisión. Nunca se llenarán las salas para ver este tipo de pelis, porque a pesar de ser independiente y un poco indie, no tiene el gracejo de la "Pequeña Miss Sunshine" ni el encanto de "Juno" ni la originalidad de "Boyhood". Sólo es eso, un grupo de amigos que se juntan y hablan de sus cosas. Pero a mí me gustaría decirle a su directora, Katherine Dieckmann, que creo que lo ha hecho francamente bien y que a mí por lo menos su historia me ha llegado. Por cierto, bastante más que algunas de esas célebres "joyas" del cine indie. Chapeau, Dieckmann, algunos valoramos lo que has hecho y nos gustaría que siguieras haciendo cosas así.
sábado, 30 de mayo de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
Take shelter, by Jeff Nichols
Hay un tipo de historias que atrapan desde el principio, que casi tienen cualidades hipnóticas, que incluso van in crescendo, cautivándote cada vez más y más... pero que se desinflan al final y te dejan con la boca abierta, la mandíbula colgante y los ojos como platos (tal que Heidi cuando vio al abuelito por primera vez), preguntándote qué coño has estado viendo y por qué te queda esa sensación tan desagradable de tremenda tomadura de pelo. Hace unos días me pasó exactamente lo mismo con "Magical girl" y hoy me vuelve a pasar con "Take shelter".
Estoy con el mando buscando algo interesante que ver, de repente me paro en una secuencia que me deja pillada: un primer plano de un tío que parece un poco loco, Es la cara atormentada de Michael Shannon, alguien que parece sufrir intensamente pero no se sabe por qué. A continuación aparece en pantalla Jessica Chastain; por su expresión parece no saber tampoco qué está pasando, está atónita, pasmada, mira a Shannon y no entiende nada, Como yo, que dejo caer el mando y me quedo mirando la tele completamente absorta. Hasta aquí muy bien, Jeff Nichols ha conseguido atraer mi atención, bravo!
Qué es lo que estoy viendo? No estoy segura pero parece el proceso de una persona que se está volviendo loca, o que cree que se está volviendo loca. Ese tema siempre es apasionante: la mente, sus recovecos, qué pasa ahí dentro, cuáles son los límites de la normalidad, qué clase de enfermedad acecha a este hombre... si es que es una enfermedad.
Vas planteándote hipótesis y emitiendo diagnósticos: probable esquizofrenia, aunque también podría ser algo de tipo paranoide... Psicosis tal vez? La cara de Shannon en algunos planos no tiene nada que envidiar al Anthony Perkins de "Psicosis", pero tampoco al Russell Crowe de "Una mente maravillosa".
El diagnóstico se complica por momentos. El caso del tipo cada vez te parece más apasionante y tú ya te has convertido en psiquiatra profesional: el ceño fruncido, un dedo distraído acariciando la mejilla, el labio mordido... Oh, qué será qué será!
Y entonces, cuando estás a punto de emitir tu dictamen médico, cuando lo tienes casi claro del todo, cuando apostarías toda tu sagacidad detectivesca a que has dado en el clavo... entonces llega el señor Nichols y te dice:
"Jajajajajaja, pringaílla, que me he estado quedando todo el rato contigo, jojojojojo! Cómo mola la cara de capulla que se te ha puesto, juasssssssss!"
Pues sí, señores, así es. Nichols ha conseguido que vuelva a sentirme una vez más como una gilipollas de manual. Mi cara es un poema y mi frustración da para un ensayo. Vale, tío, otro que me la pega. Que pase el siguiente.
Lo que no consigo explicarme es por qué me sigue gustando tanto el cine.
Estoy con el mando buscando algo interesante que ver, de repente me paro en una secuencia que me deja pillada: un primer plano de un tío que parece un poco loco, Es la cara atormentada de Michael Shannon, alguien que parece sufrir intensamente pero no se sabe por qué. A continuación aparece en pantalla Jessica Chastain; por su expresión parece no saber tampoco qué está pasando, está atónita, pasmada, mira a Shannon y no entiende nada, Como yo, que dejo caer el mando y me quedo mirando la tele completamente absorta. Hasta aquí muy bien, Jeff Nichols ha conseguido atraer mi atención, bravo!
Qué es lo que estoy viendo? No estoy segura pero parece el proceso de una persona que se está volviendo loca, o que cree que se está volviendo loca. Ese tema siempre es apasionante: la mente, sus recovecos, qué pasa ahí dentro, cuáles son los límites de la normalidad, qué clase de enfermedad acecha a este hombre... si es que es una enfermedad.
Vas planteándote hipótesis y emitiendo diagnósticos: probable esquizofrenia, aunque también podría ser algo de tipo paranoide... Psicosis tal vez? La cara de Shannon en algunos planos no tiene nada que envidiar al Anthony Perkins de "Psicosis", pero tampoco al Russell Crowe de "Una mente maravillosa".
El diagnóstico se complica por momentos. El caso del tipo cada vez te parece más apasionante y tú ya te has convertido en psiquiatra profesional: el ceño fruncido, un dedo distraído acariciando la mejilla, el labio mordido... Oh, qué será qué será!
Y entonces, cuando estás a punto de emitir tu dictamen médico, cuando lo tienes casi claro del todo, cuando apostarías toda tu sagacidad detectivesca a que has dado en el clavo... entonces llega el señor Nichols y te dice:
"Jajajajajaja, pringaílla, que me he estado quedando todo el rato contigo, jojojojojo! Cómo mola la cara de capulla que se te ha puesto, juasssssssss!"
Pues sí, señores, así es. Nichols ha conseguido que vuelva a sentirme una vez más como una gilipollas de manual. Mi cara es un poema y mi frustración da para un ensayo. Vale, tío, otro que me la pega. Que pase el siguiente.
Lo que no consigo explicarme es por qué me sigue gustando tanto el cine.
viernes, 22 de mayo de 2015
Moll Flanders, el coraje de una mujer, by Pen Densham
Si no te apetece ver a Morgan Freeman de espantajo con un ridículo pelucón.
Si no padeces intensas erecciones ante el rostro angelical de Robin Wright.
Si no quieres que te pegue un subidón de azúcar que te lleve a la tumba.
Si no eres de los que se mean de gusto viendo dramones de época.
Si no tragas a los niños actores redichos, repelentes y vomitivos.
Si no eres ni el padre ni la madre ni la esposa de Pen Densham.
Si no quieres dormir como un lirón… no veas este truñón.
Si no padeces intensas erecciones ante el rostro angelical de Robin Wright.
Si no quieres que te pegue un subidón de azúcar que te lleve a la tumba.
Si no eres de los que se mean de gusto viendo dramones de época.
Si no tragas a los niños actores redichos, repelentes y vomitivos.
Si no eres ni el padre ni la madre ni la esposa de Pen Densham.
Si no quieres dormir como un lirón… no veas este truñón.
martes, 19 de mayo de 2015
Magical Girl, by Carlos Vermut
No se puede negar que “Magical girl” es una película inquietante, que atrapa, perturbadora, casi hipnótica. Reconozco que me pasé buena parte del metraje sin apartar la vista de la pantalla y aguantándome las ganas de ir al baño porque no quería perder detalle.
Sin embargo, al igual que no tengo reparo en admitir esto, he de decir que el regusto final es el de una obra incompleta. Es como si Carlos Vermut no tuviera el menor interés en resolver los enigmas que ha ido planteando, o lo que es peor, como si no hubiera sabido cómo resolverlos. El caso es que cosas fundamentales de la historia quedan al final sin explicar; es más, es que prácticamente se obvian, y sin embargo, la impresión es que eran fundamentales para entender qué es lo que ha estado pasando.
Por ejemplo, alguien se ha enterado de qué es lo que pasó entre Damián y Bárbara para que él tenga esa obsesión por ella y para que haga todo lo que hace? Porque mucho me temo que ésa es la clave de toda la película pero todavía no he visto en ninguna crítica a nadie que sepa explicar qué pasa ahí. Cómo se puede dejar la clave de un misterio así en el aire. Y cómo se puede premiar a un director que hace justamente eso.
No, Vermut, eso no está bonito. Tú no puedes tener a un montón de espectadores fascinados con la historia que les estás contando para dejarlos al final con esa sensación de tomadura de pelo que, por desgracia, es tan frecuente en el cine actual. Las películas no pueden quedar con cabos sueltos; todas las pistas que se han ido dando en el guión tienen que tener un sentido porque si no sencillamente sobran, y en tu película, Vermut, sobran muchos de esos cabos que al final dejas sin atar, a la buena de Dios.
Por eso, sin dejar de reconocer que tu historia es original y que aporta frescura al panorama cinematográfico patrio, y sin dejar de restar mérito a tus actores (maravillosa y fascinante Bárbara Lennie, conmovedor el viejo Sacristán), no tengo más remedio que decirte, querido Vermut, que tu “Magical girl” al final se queda en una simple, monda y lironda “Magical shit” como la copa un pino. Y que yo, más que darte la Concha de Oro, después de ver el final y quedarme con la boca bien abierta y la mandíbula patéticamente colgante, te habría soltado un contundente y enérgico “¡¡¡¡¡La concha tu madre!!!!!”.
Sin embargo, al igual que no tengo reparo en admitir esto, he de decir que el regusto final es el de una obra incompleta. Es como si Carlos Vermut no tuviera el menor interés en resolver los enigmas que ha ido planteando, o lo que es peor, como si no hubiera sabido cómo resolverlos. El caso es que cosas fundamentales de la historia quedan al final sin explicar; es más, es que prácticamente se obvian, y sin embargo, la impresión es que eran fundamentales para entender qué es lo que ha estado pasando.
Por ejemplo, alguien se ha enterado de qué es lo que pasó entre Damián y Bárbara para que él tenga esa obsesión por ella y para que haga todo lo que hace? Porque mucho me temo que ésa es la clave de toda la película pero todavía no he visto en ninguna crítica a nadie que sepa explicar qué pasa ahí. Cómo se puede dejar la clave de un misterio así en el aire. Y cómo se puede premiar a un director que hace justamente eso.
No, Vermut, eso no está bonito. Tú no puedes tener a un montón de espectadores fascinados con la historia que les estás contando para dejarlos al final con esa sensación de tomadura de pelo que, por desgracia, es tan frecuente en el cine actual. Las películas no pueden quedar con cabos sueltos; todas las pistas que se han ido dando en el guión tienen que tener un sentido porque si no sencillamente sobran, y en tu película, Vermut, sobran muchos de esos cabos que al final dejas sin atar, a la buena de Dios.
Por eso, sin dejar de reconocer que tu historia es original y que aporta frescura al panorama cinematográfico patrio, y sin dejar de restar mérito a tus actores (maravillosa y fascinante Bárbara Lennie, conmovedor el viejo Sacristán), no tengo más remedio que decirte, querido Vermut, que tu “Magical girl” al final se queda en una simple, monda y lironda “Magical shit” como la copa un pino. Y que yo, más que darte la Concha de Oro, después de ver el final y quedarme con la boca bien abierta y la mandíbula patéticamente colgante, te habría soltado un contundente y enérgico “¡¡¡¡¡La concha tu madre!!!!!”.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Juegos secretos (Little children), by Todd Field
Me habría podido gustar bastante esta película si Todd Field no hubiera intercalado constantemente esa innecesaria voz en off que narra lo que se está viendo perfectamente como si el espectador fuera imbécil o los actores unos mantas. Si un actor sabe hacer su trabajo y es capaz de expresar perfectamente las emociones del personaje no hace falta que ningún narrador vaya diciendo: “Pepito sintió que…”. El narrador en este caso es prescindible, además de cansino.
Me habría podido gustar bastante esta película si no tuviera esa tremenda carga de moralina con respecto a la infidelidad y si el personaje de Kate Winslet no hubiera hecho en un momento dado una encendida defensa de Madame Bovary calificándola como “una feminista de su tiempo”, simplemente porque se pilló un encoñe del copón. Puagggggg!
Me habría podido gustar bastante esta película si el personaje de Jennifer Connelly hubiese tenido más presencia y más credibilidad. De hecho, en las historias de infidelidades personalmente los personajes que más me interesan son siempre los de los cornudos porque son los más inquietantes y difíciles de abordar. Los otros son siempre más o menos lo mismo, pero la cornamentada o el cornamentado son los que más matices pueden presentar, y aquí prácticamente pasa casi de puntillas.
Me habría podido gustar bastante esta película si el personaje del pederasta no hubiera estado tan plagado de tópicos. Sí me ha parecido interesante cómo refleja Field la desazón y el malestar que despierta la presencia de un pervertido en una comunidad, pero es tal la cantidad de situaciones casi de manual que se reflejan en la película que llega un momento en que suena a puro cuento. Y encima el narrador incordiando con su ruído de fondo.
Pero sobre todo, me habría podido gustar bastante esta película si Todd Field no hubiera resuelto tanto la historia del pederasta como la de los amantes de una forma tan chapucera, absurda y poco convincente. Más de dos horas de película esperando un desenlace, si no brillante, al menos algo creíble, y va el colega y se deja caer con esa mierda de final que no se lo cree ni el Tato. Menudo chasco!
Me habría podido gustar bastante esta película si no tuviera esa tremenda carga de moralina con respecto a la infidelidad y si el personaje de Kate Winslet no hubiera hecho en un momento dado una encendida defensa de Madame Bovary calificándola como “una feminista de su tiempo”, simplemente porque se pilló un encoñe del copón. Puagggggg!
Me habría podido gustar bastante esta película si el personaje de Jennifer Connelly hubiese tenido más presencia y más credibilidad. De hecho, en las historias de infidelidades personalmente los personajes que más me interesan son siempre los de los cornudos porque son los más inquietantes y difíciles de abordar. Los otros son siempre más o menos lo mismo, pero la cornamentada o el cornamentado son los que más matices pueden presentar, y aquí prácticamente pasa casi de puntillas.
Me habría podido gustar bastante esta película si el personaje del pederasta no hubiera estado tan plagado de tópicos. Sí me ha parecido interesante cómo refleja Field la desazón y el malestar que despierta la presencia de un pervertido en una comunidad, pero es tal la cantidad de situaciones casi de manual que se reflejan en la película que llega un momento en que suena a puro cuento. Y encima el narrador incordiando con su ruído de fondo.
Pero sobre todo, me habría podido gustar bastante esta película si Todd Field no hubiera resuelto tanto la historia del pederasta como la de los amantes de una forma tan chapucera, absurda y poco convincente. Más de dos horas de película esperando un desenlace, si no brillante, al menos algo creíble, y va el colega y se deja caer con esa mierda de final que no se lo cree ni el Tato. Menudo chasco!
martes, 12 de mayo de 2015
El húsar en el tejado, by Jean-Paul Rappeneau
Es verdad que en las películas de aventuras no se deben esperar grandes alardes de inteligencia ni demasiada coherencia argumental, y debe estar una preparada para que todas las casualidades del mundo puedan darse, siempre a beneficio del protagonista, para que las balas jamás le den a él aunque las suyas acierten todas en el blanco, y para que su caballo siempre corra más que el del enemigo. Pero eso es una cosa y otra muy distinta que cojas a los dos tontos más rematadamente tontos de la Tierra, los pongas a hacer una gilipollez detrás de otra y a meterse en todos los berenjenales habidos y por haber, y que todo les salga bien, mientras a su alrededor todo el mundo muere como chinches.
Olivier Martínez, que es un tío innegablemente guapísimo, interpreta aquí a un joven militar rebelde italiano con un toquecito de retraso mental importante, a juzgar por las gilipolleces que dice y hace a lo largo de todo el film. Pero mucho peor es la cosa cuando conoce casualmente al personaje interpretado por Juliette Binoche, que es si cabe aún más memo, con esa memez típicamente femenina que se confunde con arrogancia y orgullo de mujer pero que es mera y simple capullez.
Y así, ambos deciden hacer el camino juntos, aunque a Binoche de vez en cuando le da un volunto y le suelta al muchacho que ella puede seguir sola, y se indigna tremendamente cuando él se ofrece caballerosamente a seguir acompañándola. Entonces ella se pone muy tiesa y muy digna y le espeta tal que así: “Acaso me crees incapaz de conseguirlo yo sola? Crees que una mujer no puede defenderse de los peligros del mundo sin la ayuda de un hombre?”
Y tras este ataque de patético y absurdo feminismo decimonónico, se va muy orgullosa y con la cabeza bien alta. Naturalmente a los cinco minutos tiene que aparecer con su melena al viento Martínez a salvarla, unas veces de los cuervos que pretenden devorarla, otras veces de los desaprensivos que intentan timarla por el camino, y otras del mismo ejército francés, que para más inri, los persigue a los dos. La tía venga a chillar y el otro venga a correr en su ayuda. Total, que al pobre Olivier, además de tener que aguantar estoicamente los desplantes de la Binoche, encima le ha tocado el dudoso honor de tener que sacarla de apuros cada dos por tres.
En fin, estas historias son así y no dan para más. Tampoco el tipo de público afín a ellas es demasiado exigente. Y Jean-Paul Rappeneau se limita a hacer una peli entretenida de aventuras, que además en su día tuvo bastante éxito de público, que lo entiendo, pero también de crítica, que esto ya lo entiendo menos. Por no hablar de que me parece insoportablemente larga. 124 minutos para contar este rollo son claramente excesivos. Qué pereza!
Olivier Martínez, que es un tío innegablemente guapísimo, interpreta aquí a un joven militar rebelde italiano con un toquecito de retraso mental importante, a juzgar por las gilipolleces que dice y hace a lo largo de todo el film. Pero mucho peor es la cosa cuando conoce casualmente al personaje interpretado por Juliette Binoche, que es si cabe aún más memo, con esa memez típicamente femenina que se confunde con arrogancia y orgullo de mujer pero que es mera y simple capullez.
Y así, ambos deciden hacer el camino juntos, aunque a Binoche de vez en cuando le da un volunto y le suelta al muchacho que ella puede seguir sola, y se indigna tremendamente cuando él se ofrece caballerosamente a seguir acompañándola. Entonces ella se pone muy tiesa y muy digna y le espeta tal que así: “Acaso me crees incapaz de conseguirlo yo sola? Crees que una mujer no puede defenderse de los peligros del mundo sin la ayuda de un hombre?”
Y tras este ataque de patético y absurdo feminismo decimonónico, se va muy orgullosa y con la cabeza bien alta. Naturalmente a los cinco minutos tiene que aparecer con su melena al viento Martínez a salvarla, unas veces de los cuervos que pretenden devorarla, otras veces de los desaprensivos que intentan timarla por el camino, y otras del mismo ejército francés, que para más inri, los persigue a los dos. La tía venga a chillar y el otro venga a correr en su ayuda. Total, que al pobre Olivier, además de tener que aguantar estoicamente los desplantes de la Binoche, encima le ha tocado el dudoso honor de tener que sacarla de apuros cada dos por tres.
En fin, estas historias son así y no dan para más. Tampoco el tipo de público afín a ellas es demasiado exigente. Y Jean-Paul Rappeneau se limita a hacer una peli entretenida de aventuras, que además en su día tuvo bastante éxito de público, que lo entiendo, pero también de crítica, que esto ya lo entiendo menos. Por no hablar de que me parece insoportablemente larga. 124 minutos para contar este rollo son claramente excesivos. Qué pereza!
sábado, 9 de mayo de 2015
La grandeza de vivir, by Anthony Byrne
De toda la vida de Dios me han dado un montón de repelús las historias de viejos cascarrabias que se van enterneciendo gracias a que llega alguien que les da cañita brava y los pone en su sitio haciéndoles ver lo tiranos e insoportables que son. Al respecto, véase mi crítica de "Paseando a Miss Daisy", donde pongo bien a caldo este tipo de historias y dejo bastante claro que el único final aceptable para ellas es cargarse a los viejos, y si es posible con terribles y acojonantes torturas previas.
Dicho esto tengo que reconocer que a mí esta peli me ha gustado bastante más que la de la aborrecible Miss Daisy. Y añado que me creo mucho más la transformación súbita de estas cacatúas que la de la susodicha y redicha Miss.
Bueno, no, no es verdad; lo cierto es que no me creo nada. Madre mía, confesar esto me va a costar fijo algún disgusto, pero tengo que reconocer que lo que me ha llegado al alma es el espíritu claramente navideño que destila este film, maxime cuando lo he visto en un momento aún más claramente antinavideño, como es el mes de mayo. Ésa ha sido mi perdición.
Os lo digo desde ya: nunca os pongáis a ver una película con reminiscencias navideñas fuera de temporada. Porque al no estar inmunizado contra el clásico empalagamiento de las fechas, te pilla por la espalda y a traición, y puede hasta tocar ese puntito tontorrón que todos tenemos (y si no, desmiéntemelo).
Si a eso le añades que las pelis de vejestorios tienen el aliciente de que puedes disfrutar de los últimos coletazos de auténticas bestias de la interpretación como Vanessa Redgrave (pedazo de tía, vieja y todo) o la grandísima Imelda Staunton, pues ya tiene explicación esta inesperada crítica llena de asquerosa benevolencia. Por ahí se va a librar Anthony Byrne, porque a mí en un día tonto como éste es muy difícil pillarme. Byrne, en la próxima iré mucho mejor armada contra tus vomitivas tácticas de seducción, que lo sepas.
Dicho esto tengo que reconocer que a mí esta peli me ha gustado bastante más que la de la aborrecible Miss Daisy. Y añado que me creo mucho más la transformación súbita de estas cacatúas que la de la susodicha y redicha Miss.
Bueno, no, no es verdad; lo cierto es que no me creo nada. Madre mía, confesar esto me va a costar fijo algún disgusto, pero tengo que reconocer que lo que me ha llegado al alma es el espíritu claramente navideño que destila este film, maxime cuando lo he visto en un momento aún más claramente antinavideño, como es el mes de mayo. Ésa ha sido mi perdición.
Os lo digo desde ya: nunca os pongáis a ver una película con reminiscencias navideñas fuera de temporada. Porque al no estar inmunizado contra el clásico empalagamiento de las fechas, te pilla por la espalda y a traición, y puede hasta tocar ese puntito tontorrón que todos tenemos (y si no, desmiéntemelo).
Si a eso le añades que las pelis de vejestorios tienen el aliciente de que puedes disfrutar de los últimos coletazos de auténticas bestias de la interpretación como Vanessa Redgrave (pedazo de tía, vieja y todo) o la grandísima Imelda Staunton, pues ya tiene explicación esta inesperada crítica llena de asquerosa benevolencia. Por ahí se va a librar Anthony Byrne, porque a mí en un día tonto como éste es muy difícil pillarme. Byrne, en la próxima iré mucho mejor armada contra tus vomitivas tácticas de seducción, que lo sepas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)