jueves, 11 de junio de 2015

La sal de la Tierra, by Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

Magnífico y durísimo documental en el que se muestra la vida y la impresionante obra de uno de los más importantes fotógrafos del mundo, el brasileño Sebastiao Salgado. Dirigida magistralmente por Wim Wenders y por el hijo mayor del fotógrafo, Juliano Ribeiro Salgado, la película se divide en tres etapas:

1ª etapa: América. En los inicios de su carrera, el fotógrafo comienza a viajar por los pueblos perdidos de América del Sur, captando la pobreza, las difíciles condiciones de vida y las costumbres de sus gentes. Las fotos constituyen un fiel relato de la miseria en la que viven estos pueblos de las montañas. Especialmente impresionantes son las imágenes de ataúdes con niños muertos, o las de esas curiosas tiendas multifuncionales donde lo mismo se alquilan ataúdes que se venden zapatos.

2ª etapa: África. El fotógrafo viaja al continente y se siente fascinado. Son, con diferencia, las fotos más duras: terribles hambrunas, sequías, guerras… Miles de niños esqueléticos, de ojos enormes, agarrados a los pechos vacíos y arrugados de sus hambrientas madres. Las imágenes son demoledoras, es difícil aguantar la mirada, dan ganas de volver la cabeza y mirar para otro lado, de taparse los ojos; es tan brutal que cuesta creer que la humanidad haya podido consentir algo así. Más adelante Salgado sigue en África pero en otra fase igualmente difícil, que titulará Exodus, en la que se centra en los campos de refugiados donde se hacinan y mueren a diario cientos de personas que huyen de las guerras y las hambrunas, siempre en busca de la tierra prometida, a la que invariablemente nunca llegan. Después de esta dura etapa Salgado entra en una fase de depresión y de decepción absoluta, deja de confiar en el ser humano y comienza a plantearse si merece la pena preservar una especie tan destructiva y tan desalmada.

3ª etapa: Tierra. Salgado consigue reconciliarse con el mundo a través de la naturaleza y de su compromiso con el medio ambiente. Primero vuelve a la granja paterna en Brasil y se embarca en un ambicioso proyecto para reconvertir el desolador paisaje en una selva tropical. Ayudado por su mujer, que siempre ha sido su principal colaboradora, acomete la reforestación de miles de hectáreas de desierto. Durante todo el tiempo sus fotografías registrarán este proceso. En sus siguientes viajes comienza a interesarse por los paisajes, la vida animal y las culturas indígenas. En el Polo Norte fotografía a los leones polares, las focas y los osos, pero también a los habitantes de esas zonas inhóspitas y casi inhumanas. Son fotos maravillosas que muestran lo grandiosa y fascinante que es la naturaleza pero en mi opinión no son ni la mitad de impactantes que las de su etapa africana.

En definitiva, la historia de una vida apasionante y rica en experiencias, con la particularidad de que todo lo que Sebastiao Salgado ha visto con sus ojos lo ha mostrado al mundo a través de su fotografía. Ha compartido sus experiencias, hemos conocido a la gente que él ha conocido, nos hemos metido en sus casas y en sus vidas, hemos ido a sus bodas, a sus bautizos y a sus funerales, los hemos visto nacer, enfermar y morir, y todo gracias a la gran pasión de este hombre por capturar el mundo a través del objetivo de su cámara. Gracias a Wim Wenders y a Juliano Ribeiro Salgado por darnos la oportunidad de conocer su vida y, sobre todo, su magnífica obra en este impresionante trabajo. No os lo perdáis.

miércoles, 10 de junio de 2015

El amor es extraño, by Ira Sachs

Qué bonito es el amor cuando ya está por encima del sexo, de las pasiones, de los ardores de la juventud, cuando ya ha superado casi todas las pruebas y la única que le queda por pasar es la de la inevitable separación que supone la muerte. Pero… y si esa separación ocurre de manera forzada antes de la muerte?

A los héroes de nuestra peli, una pareja gay que lleva junta toda la vida, les pasa justamente eso, que por un problema económico se ven obligados a separarse e irse a vivir cada uno por su lado con distintos parientes y amigos. Uno se muda con unos sobrinos y se instala en el cuarto del hijo adolescente, y el otro se va a casa de unos amigos gays que están todo el día montando juergas y jaranas en el salón, que es donde está el sofá cama de nuestro amigo. Así que a la tristeza por la obligada separación se unen las dificultades de convivencia con sus nuevos compañeros de piso.

Ésta es una historia sencilla y sin pretensiones pero llena de ternura y buenos sentimientos. Los dos protagonistas, Alfred Molina y John Lithgow, están comestibles; sus personajes son tan de carne y hueso que dan ganas de acurrucarlos y ofrecerles un rincón de tu propia casa, aunque sea un minúsculo apartamento y no quepa un alfiler.

Sin embargo echo de menos que esa ternura se haga extensible al resto de personajes. Quiero decir que si tú, como espectador, estás enamorado de los dos viejos amantes y querrías acogerlos en tu propia casa, cómo es posible que las personas con las que viven se muestren tan poco empáticos con ellos. En particular la relación con los amigos juerguistas es un tanto surrealista puesto que si saben que han cedido su sofá a un señor mayor a nadie se le ocurriría montar un fiestorro día sí y día también. Es puro sentido común.

En fin, creo que a Ira Sachs le ha quedado una bonita historia de amor, aderezada además con una estupenda banda sonora que hará las delicias de los melómanos, pero en mi opinión hay flequillos que no me convencen. En todo caso, la recomiendo a todo el mundo con un poco de sentido y sensibilidad. Advierto que al final es difícil no llorar. Y hasta aquí puedo contar.

martes, 9 de junio de 2015

Me llaman Radio, by Michael Tollin

La verdad es que siempre me ha fascinado la capacidad de la gente para parecer retrasada mental cuando se relaciona de algún modo con un deporte de masas. Sé de algunos que lloran, se tiran de los pelos y se dan cabezazos contra la pared cuando su equipo pierde o que no pueden dormir ante un partido importante. Y no me refiero sólo a los jugadores, que eso al menos sería comprensible, sino sobre todo a los seguidores. Para mí este fenómeno es tan alucinante como la gente esa que se infla de llorar cuando no puede salir un santo en procesión porque llueve. Simplemente no me cabe en la cabeza cómo el ser humano puede llegar a ser tan absurdamente gilipollas.

Y si todos los deportes de masas me parecen peligrosamente embrutecedores, si hablamos del fútbol americano apaga y vámonos. No hay más que ver esas hombreras descomunales, esos cascos espantosos y esas embestidas bestiales que se pegan unos a otros. Por no hablar de las caras de palurdos que suelen tener todos los jugadores. Por eso no me ha extrañado nada de nada el fondo de esta historia, que se basa en la “superación” personal de un muchacho retrasado a través de su pasión por este deporte. Lo que me hubiera extrañado es que el chico se hubiera superado a través de la poesía o del teatro clásico. En realidad lo que ocurre en el filme no es tanto que el muchacho se supere para ponerse al nivel de los “normales” sino que son los otros los que se depauperan constantemente para ponerse a su nivel.

Durante la mayor parte de la película una se pregunta quién es más tonto, si el pobre Radio, o todos los demás que le rodean: los jugadores del equipo, los aficionados, las animadoras… Yo creo que el chico puede perfectamente superarlos en inteligencia a casi todos. Qué panda, madre mía! El único que se libra un poco es el entrenador, que curiosamente parece acaparar él solo las neuronas que todos sus conciudadanos pierden durante los entrenamientos y los partidos del equipo local.

Y luego hay en el trasfondo de la historia algo que no me cuadra muy bien. Cuando el entrenador prácticamente adopta como pupilo al chaval resulta que se enfrenta a un montón de problemas increíbles. La mitad del pueblo se mosquea con él y hasta su propia hija tiene un ataque de celos por la atención que le dedica al muchacho. No sé, se supone que cuando la gente hace buenas obras se gana la admiración y el respeto de la comunidad, y no el desprecio y el cabreo. La reacción de estas personas es, como poco, demencial. Supongo que como la película está basada en hechos reales y la historia en sí no tiene mucho misterio, Michael Tollin mete esta gamba para intentar animar un poco el cotarro e introducir algo de tensión argumental, porque de otro modo no me lo explico.

En fin, creo que Tollin hace un trabajo relativamente correcto para el material con el que trabaja. Y tampoco me parece que Cuba Gooding Jr. lo haga tan rematadamente mal como para haber sido nominado al Razzie; puedo asegurar que he visto cosas bastante peores. En mi opinión hace el papel de retrasado con la misma solvencia con la que podría haberlo hecho Tom Hanks o cualquier otro “tonto” conocido. El que sí que no me explico qué hacía aquí es mi admirado Ed Harris. A ese hombre no le pegan estos papeles, por favor. Me pasé toda la película pensando sinceramente que el tío no se creía nada de los discursos y las moralinas que se ve obligado a recitar. Parecía que se iba a echar a reír de un momento a otro. O igual es que yo lo tengo en tanta valía que me hace ilusión pensarlo.

sábado, 6 de junio de 2015

Relatos salvajes, by Damián Szifrón

Vale, son unos relatos divertidos.

Vale, son un buen análisis de la violencia.

Vale, son historias subyugantes y atrapan al vuelo.

Vale, son el paradigma viviente de una sociedad enferma.

Vale, son todos muy buenos actores y conforman un gran reparto.

Peeeeeeero...

No me creo a Leonardo Sbaraglia en el puente de los mil horrores.

No me creo a  Ricardo Darín de "Bombita", el héroe justiciero.

No me creo esa boda ni la locura de esa novia desquiciada.

No me creo que Damián Szifrón esté satisfecho con esto.

Y... no me creo que esta peli merezca tantos premios.

viernes, 5 de junio de 2015

El Sur, by Víctor Erice

Por qué esta gente mira tanto y habla tan poco.

Por qué Estrella no tiene amigos ni sale con nadie.

Por qué esa niña no salta a la comba ni juega jamás.

Por qué extraño motivo se pasa el día espiando al padre.

Por qué, en cambio, pasa de su madre como de la mierda.

Por qué en las pelis de Víctor Erice nunca sale gente normal.

Por qué a Chus Lampreave siempre le colocan gafas de culo de vaso.

Por qué el único personaje medianamente normal es el de Rafaela Aparicio.

Por qué coño las obras maestras del cine español son tan coñazo y tan plastas.

jueves, 4 de junio de 2015

Game Change (TV), by Jay Roach

Interesantísima producción televisiva de la aclamada HBO, dirigida por un inspirado Jay Roach, en la que se narran los avatares de la campaña presidencial norteamericana de 2008, centrándose principalmente en lo que supuso la simpar gobernadora de Alaska, Sarah Palin, como candidata a la vicepresidencia de la nación por el Partido Republicano. No creo que nunca un candidato a vicepresidente haya acaparado tantas portadas ni haya sido el personaje protagonista de una película, pero es que Palin daba juego, las cosas como son, y no se puede negar que en su día fue una tía que despertó pasiones.

Una mujer con tremendos delirios de grandeza, ultraconservadora, con un discurso lleno de manidos tópicos pero capaz de conectar con muchísima gente de su misma ralea... el paradigma real del populismo. Os recuerda a alguien de por aquí? De hecho, la eligieron para el cargo por esa cualidad suya de embaucar al personal a base de frases hechas y llamamientos al orden establecido, así como por su defensa a ultranza de la familia, la religión y los valores tradicionales de la América más profunda. Repito: no os recuerda a alguien? Da incluso miedo pensar en lo que podría haber pasado si esta mujer completamente inculta pero fanática hubiera conseguido ese poder que tanto ansiaba y por el que consiguió volver locos a los asesores que llevaban la campaña del aspirante a presidente McCain. Pobre hombre, lo que tuvo que sufrir cuando se dio cuenta de la clase de palurda que le habían endilgado como vicepresidenta. A su lado McCain queda como un dechado de elegancia y sentido común.

Palin, para el que no la conozca, era la representante más emblemática del Tea Party. Para ella y sus seguidores Barack Obama era un terrorista, un musulmán, un enemigo de la patria, un hombre sin escrúpulos y capaz de todo lo peor. McCain estaba totalmente horrorizado con la campaña que Palin se automontó, para espanto de sus asesores. Nadie quería una estrategia como ésa, a todas luces sucia y sin el menor atisbo de elegancia, una campaña que llamaba a los más bajos instintos de los electores, que por desgracia abundan.

Por suerte, McCain se enfrentaba a algo muy superior a él, un Obama todo carisma y personalidad, el primer presidente negro de los USA, un hito, un paso adelante sin posible marcha atrás, un tipo fascinante, joven y lleno de vitalidad. Y digo "por suerte" porque estoy completamente segura de que, de no haber sido por el poderío de su rival, la táctica de Palin de tocar las vísceras del personal hubiera dado muchos mejores frutos y no quiero ni imaginar qué hubiera sido del mundo con una tipa de esas características ebria de poder, que por otra parte es de lo único que puede permitirse estar ebria una fundamentalista religiosa como ella.

En fin, un retrato bastante veraz de lo que esta mujer supuso en su momento, y lo peor, de lo que pudo llegar a suponer si su partido hubiera ganado esas elecciones. Una Julianne Moore que borda el personaje, aunque ya es conocida mi aversión a los papeles que se basan en calcar la apariencia de alguien real. El que sí que está impresionante es Woody Harrelson como asesor de campaña desesperado por los desbarres ultrafachas de Palin. Pedazo de interpretación, qué grande Woody. Sólo por ver su actuación merece la pena.

miércoles, 3 de junio de 2015

Una vida por delante, by Lasse Hallström

Estaba yo viendo esta película cuando de repente pensé: joder, a qué me suena a mí esto. A ver, una muchacha viuda que llega a un pueblo perdido con su hija de la mano en busca del abuelo de la niña; el abuelito resulta ser un tipo huraño y malencarado que al principio no quiere ni ver a la chiquilla, la mira con inquina y desconfianza y cuando se digna a decirle algo siempre es a base de gruñidos, pero con el tiempo poco a poco le va cogiendo cariño, y al final está que no caga con la nena. Coñññño, esto es Heidi!

En fin, dejando a un lado los parecidos razonables entre este filme y la mítica serie animada, hay algunos detalles en esta historia que me irritan profundamente. Para empezar, hay un trasfondo temático de malos tratos, y como era de esperar el director cae en todos los insufribles topicazos del género sin ahorrarse ni uno: el maltratador es una especie de monstruo que sin comerlo ni beberlo ha llegado a la vida de una inocente mujer que no tiene ninguna responsabilidad en lo que le pasa. Eso sí, la tía mete en su casa con una hija pequeña a un tío detrás de otro y a los cinco minutos de llegar al pueblo del abuelito ya le está tirando tremendos tejazos al sheriff del lugar, con la típica frase: “vale, vamos a follar pero que conste que no quiero enamorarme”. Pos hija, si no quieres enamorarte, no podías estar una temporadita sin macho? Por lo menos hasta que se te borren de la cara las huellas de las hostias que te daba el anterior.

Siguiendo con los topicazos, incluso en un momento dado el personaje de Jennifer López le dice a su novio sheriff: “sabes por qué soporté tanto tiempo que me pegaran? Pues porque pensaba que valía tan poco que no iba a encontrar nada mejor” Hombre, Jennifer López, si con tu cara, tus tetas y tu culo tú tienes que aguantar que un tipo te infle a hostias porque vales poco, a las que no tenemos ni tu cara ni tus tetas ni tu culo entonces deberían matarnos a palizas, no? Manda huevos.

Total, que tenemos a la típica mujer maltratada que es ajena a todas las desgracias que le suceden, que no quiere enamorarse porque tiene miedo de los hombres pero que cada cinco minutos se echa un novio nuevo, y que soporta estoicamente los malos tratos porque, a pesar de estar buena que te cagas y saberlo, tiene la autoestima al nivel de una alpargata. Venga ya, Lasse Halström, que tanta simpleza y tonterismo no te pegan, hombre.

A la película la medio salvan sus dos estrellas, Freeman y Redford, que dentro de la memez de la historia, hacen un excelente trabajo, en su tónica habitual. No en vano, las mejores escenas y los diálogos más fumables son los que transcurren entre ambos. Por el contrario, como también era de esperar, la inevitable niña actriz, Becca Gardner, es absolutamente petarda y asesinable. Sin duda alguna me quedo con la dulce, tierna y entrañable Heidi. Vamos, es que no hay color.